En la década de los 90, marcada por el desfase y las noches interminables, los afters fueron refugio esencial de la noche de Puertollano. Entre discotecas que alargaban cierres y bares que abrían al amanecer, existieron auténticos after-hour para quienes no querían volver a casa. Entre todos destacó La Zona.
Situada en la calle Velázquez, perpendicular a Numancia, abría tarde y cerraba siempre de día. Abrió en 1986 de la mano de “Canito” y Kike Maca, pero vivió su época dorada con Miguel Ángel Lillo, que le dio un carácter underground, ecléctico y motero, tolerante y salvaje. Fue santuario de tribus urbanas, camareros y noctámbulos sin horario.
Sus DJs, con “Percha” al frente, sus fiestas, su espíritu libre y su banda sonora —con Lou Reed como emblema— la hicieron legendaria.
Reinó durante los 90 hasta que el endurecimiento de normas apagó las noches eternas. En 1998 Lillo la traspasó y no llegó a cumplir un año más, quedando como símbolo de una era irrepetible de la noche noventera.